Transformando el Dolor en un Guiño a la Vida

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A veces la vida te quita a las personas más preciadas de tu vida generando un dolor inexplicable… Ese es el caso de María Cecilia Trotta una pequeña niña argentina que con tan sólo 12 años debía ser trasplantada de médula ósea en forma urgente debido a una Leucemia Linfoblástica Aguda que poco a poco estaba acabando con su corta vida. Israel era el país en donde pudo encontrarse este ansiado donante. Con la ayuda de toda la comunidad de Beccar, los padres de María Cecilia lograron juntar el dinero necesario para poder hacer el viaje: sorteos, venta de platos dulces así como festivales fueron algunos de los métodos empleados para recaudar el dinero. Sin embargo, María Cecilia ya se encontraba físicamente abatida y no se pudo concretar este viaje. Finalmente, murió el 10 de abril de 1991.

 

Sus padres, María Ester Rodríguez y Osvaldo Trotta, habían quedado deshechos. Pero decidieron que no podían bajar los brazos… la pérdida de su hija no podía ser en vano. Ellos debían acompañar a otros padres que comenzaban esta lucha. Debido a la colecta que hicieron para el trasplante de María Cecilia, la familia tenía 80 mil dólares que lamentablemente no llegaron a usarlos con su hija por lo que se reunieron con aquellas personas que habían donado o colaborado en la recaudación de estos fondos con el objetivo de decidir el destino de ese dinero. Fue así que en 1991, con la ayuda de otros padres de niños con enfermedades oncológicas, decidieron crear la Fundación María Cecilia de Ayuda al Niño Oncológico. Durante los primeros años comenzaron de a poco… recorrían los hospitales públicos, visitaban a los chicos con enfermedades oncológicas y hablaban con sus padres brindándoles comprensión en momentos de tanto dolor. Es que sólo quien lo ha experimentado, sabe del miedo y el dolor que paraliza al corazón cuando escuchas el doloroso diagnóstico del cáncer.

 

Luego de cuatro años ayudando a niños en su tratamiento y recuperación, esta entidad sin fines de lucro llegó a un acuerdo con el Hospital Materno Infantil de San Isidro para que se creara el área de Hemato-Oncología Pediátrica convirtiéndose en la primera fundación pediátrica de Latinoamérica que posee un servicio de oncología gratuito en un hospital público municipal. De este modo, María Ester y Osvaldo creían que podían aunar esfuerzos para ayudar a los niños enfermos de cáncer así como a los padres de estos pequeños que cada día deben atravesar una dolorosa jornada en el hospital  ¿La principal regla de esta institución? Ninguno de los miembros de la comisión directiva puede recibir dinero por parte de esta entidad… todo lo recaudado es empleado para ayudar a los niños con leucemia de bajos recursos que se encuentran allí internados. Se compran insumos, ropa y materiales descartables, se costean los viáticos, se organizan actividades recreativas, se brinda contención psicológica y ayuda social a las familias, entre otras tantas cosas.

 

No reciben subsidios del Estado sino que apelan a la solidaridad de la sociedad mediante donaciones individuales y recaudación en recitales o eventos deportivos, venta de ropa en ferias, donación de muebles, etc. Y los resultados que el amor sincero y esfuerzo aunado brindan son maravillosos: un 80% de sus pacientes son curados. Hoy estos niños han sido padres o madres, otros han comenzado o finalizado la escuela secundaria. Parece que no quedan dudas… los padres que cada día colaboran en la Fundación han encontrado un nuevo sentido a su vida. Es que el dolor por la pérdida de un hijo nunca podrán olvidarlo pero sí pudieron lograr que entre todos ese temido enemigo llamado cáncer parezca menos poderoso encontrando un lugar en donde transformar ese inmenso dolor porque, cada vez que un niño sonríe, sienten que la vida les hace un guiño imposible de eludir.

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